Letras, peripecias

cuentos, poesias, relatos, ideas

Month: August, 2013

Osa Mayor

 

 

 

Por la Vía Láctea

constelaciones

el centro Universo

las luces gastadas

opacaban

tanta visibilidad estrepitosa

la noche se abrió

para arriba

nosotros

viajábamos por las estrellas

Accipiter nisus

 

 

El viento engañó a las verbenas

bonariensis

tan estáticas

crecían los yuyos

de entre las piedras

rotas

el gavilán devoraba la presa

aún viva

miramos ávidos

-por la rendija de la entrepuerta-

las hormigas habían formado

palabras

como fórmulas matemáticas

los moscardones

ya bailaban

y el sol

que se había ido

aletargado

nos quedamos como estatuas

hasta que los restos

se vaciaron de formas

y la tarde

dibujó

su momento

imperturbable

 

Superficie

 

 

 

sobre la superficie de estos objetos

una mesa

una ventana

la lámpara agachada

mis libros

las cosas simples

el mundo

tiene su propia luz

 

 

Poema ladino

 

 

Sentada en la silla, el sol arrumbado. Atardecía en San Mauro Castelverde. María miraba a su madre coser en el patio de la casa de piedra. Sonaban las campanas de la iglesia del pueblo católico y miserable. En verano Sicilia parecía en llamas. María, pequeña, contaba las habas en el piso de polvo. Le gustaban los pistachos con sal, las almendras. La madre, con el pañuelo negro en la cabeza, silenciosa, cosía bajo la parra, olvidando las horas. Fuera se escuchaba el hastío de la siesta inmunda. A María la madre le había contado una historia antigua. De una familia itinerante, que hablaba el idioma ladino, expulsados ellos, venían de Salónica en Grecia, y antes de España, habían llegado en barco a Palermo y de allí a San Mauro. El miedo a la muerte los dejó sin opciones, se hicieron conversos. A María le gusta que su madre le cuente la misma historia. Una y otra vez. Porque después del cuento ella le canta la misma canción de cuna, en ese idioma que no entiende por completo: “Decilde a la morena/ si quere vinir/ La nave ya sta ‘n vela/ que ya va a partir/ Morenica”. No sabe- o tal vez imagina- que la historia es la de ella y los suyos, que los viejos Mizraji, los itinerantes, los expulsados, fueron los mismos que cambiaron su antiguo apellido por el de Amoroso. El verano de Sicilia lo quema todo. María murió tubercolosa, cincuenta años más tarde, en un suburbio polvoriento de Buenos Aires. Nadie supo de su sangre sefaradí. Sin embargo, en su lecho de muerte, rodeada por la familia devota, de rosarios con olor a rosa mosqueta y cruces con ramas de olivo, le salió de algún lado, como si fuera otra, la frase de despedida: “La nave ya sta ‘n vela/ Morenica…”