Lismore

El río ennegrecido, pasto esmeralda

How do you do? 

el conde vestido de Carmarán

con los ojos llenos de vidrio

picotea sobre la mesa de Pugin

los tapices que hablan

molinos, la granjera se refleja

cuando en las habitaciones

desbordadas

los invitados

escapan etiqueta, la conversación

Las torres neogóticas

hechan sombra

hacia el precipicio

los niños escondidos, en la casa del gigante

How lovely

dice la duquesa

mientras vomita las perlas

zapatos de oro

los extranjeros se mezclan

con el mayordomo

de cuatro ojos

y manos de mármol

la mesa puesta

brillan los saleros de plomo

las copitas llenas, el cristal

afuera se pudren

los rododendros

y los pinos negros

en el baño de Fred Astaire

las formas geométricas

la siesta se escurre

a la hora del té

scones verdes

los artistas, se ríen

cuando aparecen los cuervos

entre los espejos

debajo de las patas

de las mesas caoba

entre las bibliotecas

hay fuego

en las chimeneas de gigantes

tanto tronco

Liliput

la ceremonia de la cena

aparecen

las velas encendidas

masticamos palabras

hacia un lado

y hacia el otro

los enanos debajo de la mesa

el Blackwater

sin que nadie se diera cuenta

se apagó de repente

y en los pasillos

el castillo se extiende

como el sueño

sostenido

por los andamios

de ambos lados

donde durmió Jaime II

y la excéntrica Georgiana

caminó dormida

maniquí de plástico

pero llegó la hora de irnos

ajustamos los relojes

de ébano

para despedir

a los espantapájaros

los bolsos deshechos

se abre la compuerta

como

por arte de magia

Oh Lismore!

olvidamos

los cepillos con dientes

arruinados

tanta espera

los mayordomos se ríen

para adentro

detrás de las puertas

y el río va rápido

se llevó

a Penélope

con la voz de erizo

afuera

la mole de piedra, arruinada

cascarita

se fueron los pájaros

embalsamados

His Grace

seguía como el muerto

en el castillo

troquelado

Caballero de a pie armadura

que escapó hacia los jardines

cuando se encendió la noche

será por eso

que del otro lado del río

las flores se abrieron

fosforecentes

por tanto hierro

en el puente las arcadas

la memoria

de sí mismo

desde la ventana

allá arriba

hacia

la inmensidad

de todo lo ajeno