Piedra preciosa

by Leo Boix

 

El sol de la tarde se metió entre los techos de las casitas bajas, desesperadas. Las antenas, que suben como arbolitos inútiles, dibujan en el horizonte las líneas de la ciudad populosa y gastada. Antes del atardecer, el cielo se fue nublando despacio. Irene, que lleva pañuelo en el pelo y zapatos de cuero apretados, se sube al autobús de dos pisos, escapando del frío en la parada donde ya esperaba más de lo que hubiera querido, evitando las miradas de los otros, que la escrutan. Busca un asiento al fondo, que a esa hora suele estar repleto de trabajadores regresando a sus casas. Antes de sentarse ve el anillo manchado, del otro lado, una hoja del periódico vespertino arruinado. Irene levanta la joya, pensando que podría ser de ella. Imagina a la otra dueña, a la desposeída, la engañada. El anillo tiene una piedra transparente que brilla al acercarla a la luz de la ventana sucia, como talismán incierto. Cuando llega a la casa del otro lado de la ciudad, el marido la espera con la cena lista. La televisión está prendida. Sin que él lo note, se toca por debajo de la mesa el anillo encontrado. Brilla la piedra preciosa. Querría explicárselo todo, pero él no la entendería.