Letras, peripecias

cuentos, poesias, relatos, ideas

Month: March, 2013

Easter Sunday

 

Volvíamos del Barbican

las calles desiertas

las señales de obras

sin construcción

los pasajeros dormidos

en las oficinas sin gente

cuadrilátero de hipnosis

banderines

a la vieja usanza

rascacielos de vidrios de piedras en concreto

las paredes verticales

arbolitos esqueleto

el decorado hacia

los rieles

Liverpool Street

pero los autobuses

maquinistas

despegados como flores

había sombreros

peldaños

simulacros de invierno

Hablamos del fin de la estación del tiempo del olvido

Spitalfield

en el tinglado

que había muerto

mercado

lleno de objetos desolados

las cajas abiertas

los puesteros

entre

las desprolijidades de los rincones

de lo irreal

y en Brick Lane escapamos

los relojes

habían caminado

patas para atrás

con la marea

de animales coléricos

domésticos

iglesias sumergidas del East End

Bethnal Green se derritió

-de repente-

cuando las baldosas

comenzaron a formar

los límites

de lo no conocido

en zig zag

al llegar

a destino

porque el viento

eran las 17.43

del último día

de marzo

mientras los perros

seguían ladrando

en los trenes de la ciudad

 

Pesaj

 

 

El frío ha deshecho los reflejos en la cama desarmada esquilada

las tazas de té arbolitos en Bloomsbury, los sillones flores estampadas

hay fuego entre las brazas pero el viento de Siberia tubería

se congeló el cielo patitos venían los aviones derrapados tanto esperar

la hora del encuentro del despojo Pesaj la pascua judía contra los libros

de la frecuencia inercia al campanario de Kent

llamó temprano, dijo: -No vayas, desiste, al destierro. Se congela

Buscó debajo de la tierra de las macetas a los muertos, les puso nombre

Afuera la tarde acerada agrieta el mar abierto barroso los desiertos inventados

El frío ha deshecho los reflejos que no vimos, igual no basta la gaviota reidora

metió la cabeza palangana chocolate hace nidito porque hiela

Y adentro/ no ha quedado nada

la casa/ está vacía

los rincones/ en la memoria/ la extrañeza

de lo perdido- el frío- quema los ojos

igual

recobrar

lo perdurable

para iniciar

como bestiario

cuando ha perdido

sin saberlo

la desvirtud

Y los blackbirds

que se comen

el reencuentro

de los otros

Chroicocephalus ribidundus

descubrir

en un sueño

la invención

que nunca fue

Refutación

 

 

Los ojos cerrados que aparecen como expresiones de lo mismo

las manos tejidas hacia atrás conformando la visión asimétrica

pero el tiempo, que no es como la forma buscada estalla

en sí mismo desviste hacia el interior que carcome

van las mariposas van los insectos las fosas de las Marianas en viaje retroceso

para despistar al espantapájaros de Londres

entramado exquisito soliloquio degustación

que nunca fue apacible

Las chimeneas rebasadas del viento del viento del viento

caen las bombas el Pasado en las pantallas se han muerto

de la televisión abierta

se desdobla

Y cae el viento se van refugiando con el frío con las formas de lo efímero

Pero el cuerpo estalla, desvanece el contorno que nunca fue apacible

perfora en la repetición de lo mismo la supresión en estrías

Se abrió el cielo camino a casa destello en equilibrio la luz de las paredes ceniza

parece mentira tanta ruptura tanta estrella los soles que desborda

y los ojos

¿abiertos?

que aparecen

como expresiones

del sueño de lo real de lo tangente en fracciones

se desvanece en lo efímero

estado de la mente

el cielo abierto

que ha tragado

como melodía de la boca de estatua en el parque del olvido

 

In Memoriam

 

 

Sentada

frente a

la ventana abierta

hacia los otros balcones

el verano subtropical

las palomas

que entran

desconcertadas

a comer

las migas

en el living

atraídas por el descuido

de su memoria

que está yéndose

el barco en el Tigre

se arrulla

con el sol

de la tarde

sobre el río amarronado

los sauces, camalotes

que los ven pasar

y lo llevaba de la mano

por las callesitas

arboladas

de la ciudad

a La Vaca de Humahuaca

con la sonrisa

entre los labios

y el perfume a jazmines

feliz

Lo despidió en el aeropuerto

escondiendo

la tristeza de saber

que las caminatas

que los encuentros

y el amor, seguirían

más allá del océano

que los recuerdos

-sus recuerdos-

los guardaría el otro

como piedras preciosas

o diamantes

brillantes

para preservarlos

con el tiempo

La conocí

a lo lejos

cuando

ya

se le había escapado

el duende

por las rendijas

de la puerta entreabierta

por los dobleces

de sus vestidos de flores

y vi

en un destello

de sus ojos

el reflejo

de ella

misma

y sus historias

y cierta risa

y sus manos cálidas

y los juegos

de niños

las nanas

que ahora

quedaron

en el recuerdo

de los otros

Tuve un sueño

y las palomas

seguían comiendo

de sus manos

la ventana del balcón

abierta

de par en par

cantaba una canción vieja

de la infancia

ella sonreía

bajo el sol de la tarde

que

ahora

la acunaba

 

De repente, los presagios

Con la nieve

desigual

volvieron los presagios

del invierno

sumergido

que habíamos

enterrado

en los

subsuelos

de la ciudad fantasma

en los botones

apretados

y la fragilidad

de las camisas

de rombos de franela

hasta la próxima bienvenida

ventisquera

la fiesta

años 20

en la escollera

con la música pasajera

que rebota

en las olas naranjas

como boyitas atonales

a la deriva

mientras bailan

pescadores congelados

que implotan

ante la mínima frecuencia

de una espera

cocida

Los trenes

desgastados

han traído

mensajes

de hundimientos prodigiosos

de algas

petrificadas

en el juego de la memoria

de botellas vacías

sin nada

al vacío

A la hora elegida

la nevizca quema

las manos de piedra

y

se hace tarde

para volver

a ver

el cielo

desierto

que se apagó

de repente

Teoría de la deriva

 

El aprendiz

de sonámbulo

incendió los mapas

de países imaginarios

creó frases

entrecortadas

para el diluvio

de lo conocido

trituró

los espejos habitados

las agujas

de las fuentes

que chorreaban

perlas

lucecitas diamantinas

Camina

cerca de las paredes

porque le da miedo

deshabitarse

de su única sombra

Ha llegado

la inundación

de los espantapájaros

que cantan madrigales

de las sillas

plateadas

repujadas

de mareas subterráneas

y los enjambres

de abejas

de piedra caliza

que se hunden

por su peso

intrínseco

Contra-corriente

se despega

del suelo, hechizado

viaja

al Pasado

que lo escribe

recostado

entre Nothofagus

retorcidos, bajo el sol

del equinocio

y se cuece

en su propio

desconcierto

Onírico

 

En las ranuras, en los cofres

entre los libros deshechos

bajo las piedritas multicolores

del armario sin patas

como fotos reveladas

reflejando el cielo

la quietud de la tarde

encendida hacia el ocaso

los hombres deshilan

con manos inquietas

muñecos de lana

que venden

en supermercados de plomo

se apresura el viento

del sudeste

para traer memorias

del no-me-olvides

entre los bichos harapientos

sobre las chimeneas inservibles

y los techos sumergidos

papelitos dibujados

acuáticos

pequeñeces

hacia la imposibilidad

de objetos de museo

que se desvanecen

cuando recuerdo

este sueño

sin principio

 

Piedra preciosa

 

El sol de la tarde se metió entre los techos de las casitas bajas, desesperadas. Las antenas, que suben como arbolitos inútiles, dibujan en el horizonte las líneas de la ciudad populosa y gastada. Antes del atardecer, el cielo se fue nublando despacio. Irene, que lleva pañuelo en el pelo y zapatos de cuero apretados, se sube al autobús de dos pisos, escapando del frío en la parada donde ya esperaba más de lo que hubiera querido, evitando las miradas de los otros, que la escrutan. Busca un asiento al fondo, que a esa hora suele estar repleto de trabajadores regresando a sus casas. Antes de sentarse ve el anillo manchado, del otro lado, una hoja del periódico vespertino arruinado. Irene levanta la joya, pensando que podría ser de ella. Imagina a la otra dueña, a la desposeída, la engañada. El anillo tiene una piedra transparente que brilla al acercarla a la luz de la ventana sucia, como talismán incierto. Cuando llega a la casa del otro lado de la ciudad, el marido la espera con la cena lista. La televisión está prendida. Sin que él lo note, se toca por debajo de la mesa el anillo encontrado. Brilla la piedra preciosa. Querría explicárselo todo, pero él no la entendería.