Letras, peripecias

cuentos, poesias, relatos, ideas

Month: February, 2013

Obra teatral

 
El cinematógrafo:  -“Sin luces”.

La mujer de negro: (está en silencio)

El cinematógrafo: “Corre, que el tiempo…”

El ave: (sube, oblicuo, entre los árboles)

La mujer de negro: -¿Y entonces?

El cinematógrafo: -“Esperar dormido, las tardes encinta”.

El ave: “Del horizonte, el pasado formando pequeños espantapájaros” (deshace el vuelo)

La mujer de negro: -“Ha llegado la guerra”.

-“En los contornos dibujados, desaparece la forma”.

El cinematógrafo: (deja de hablar, cierra los ojos ante el público)

El ave: “Certezas de la noche al articular las palabras sin estrías”.

El cinematógrafo: (abre los ojos, están vacíos)

La mujer de negro: -“Ha llegado la guerra”, repite.

El cinematógrafo: (mira a la mujer de negro, al ave, sin remilgos)

(Bajan las luces del escenario, suena un piano, el público se ha ido)

El ave: “Y en la oscuridad
             el cuerpo del deseo
             que descifre
              la Historia
              de lo incierto”.

Fin del drama

Pericles

 

 

La hiedra de Boston trepa por la pared lateral de la casa. Las ramas peladas, que se han dividido como estrechos de ríos anárquicos, como venas de un enfermo, ya esconden los primeros augurios de la primavera en unas pequeñas hojas verde-azules, que cubrirán para el verano, toda la pared de ladrillos húmedos. En un rincón, la maceta de la camelia roja, demasiado grande para el lugar, marca el sitio exacto donde se abren las verjas de entrada. El pedregullo está helado. Las madreselvas comenzaron a dar los brotes de febrero. Son las 6.30 de la mañana. El niño yace muerto, debajo de la hiedra trepadora. Murió anoche, mientras todos dormían. Se dejó caer lentamente, sin saber que allí estaba la errática camelia a punto de dar sus flores, de la hiedra de Boston, que en pocos meses transformaría de repente la pared. Sin embargo y antes de morir se nombró: “Pericles Plantagenet”. En el lugar exacto donde hallaron su cuerpo, un cascarudo erecto, imperturbable, duerme escapando de las últimas heladas del invierno.

Man Ray

 

La lente

desdibuja

el contorno de Lee Miller

el pelo

dorado, bordado

de pasajera en tránsito

decorados de interior

en las pupilas

de la marquesa

Casati

ojos de loca

Palmeras tropicales

en blanco y negro

las pestañas

desdobladas

en las enanas del circo

rímel colorete

entra el sol

en el estudio parisino

y en Hollywood

pinta máscaras

en honor

a los dioses del Olimpo

la cámara

reduce

la transmisión del sonido

película revelada

celuloide

pasta absorbente

en los retratos de artistas

cuando miran

foco en fuga

Jacqueline

Juliet

Kiki

Irene

Genica

Nancy Cunard

mitologías

de los cuerpos

atrapados

entre la Historia

y el deseo

gastado

del presente

que deshace las formas

de lo real

Punta Rubia

 

En la playa solitaria

el rugido del mar, a la intemperie

las aguas vivas

muertas

como flores abiertas

transparencia de lo real

depositan en la arena, cangrejos dormidos

por entre las dunas

las flores desiertas

el sol recalcina

y el viento

indómito

que oscurece los eucaliptos

detrás de las casitas vacías

pasan los caminantes

vestidos de colores

entregados

a la hora del azar

la cofradía de la siesta

el silencio

de las habitaciones

sumergidas tras las percianas

Y suena el viento

en el mar distante

que nos va durmiendo

se fueron las sombrillas

se prendieron los farolitos

del centro chuchería

Y atardece en la playa

oriental

mientras todo sigue

como antes

Sigo recordando

el ruido del viento

en los matorrales inquietos

mar salvaje

El sol

que ha marcado

la hora

del pasado

perdido