El jardín de las coníferas

by Leo Boix

El camino ondulante atravesaba los sombredíos dorados de Kent. El sol, que había salido entre nubes blanquísimas y muy bajas, iluminaba el molino antiguo sobre los acantilados frente al Canal de la Mancha, mientras los robles azules se movían al unísono, allá lejos, como descascarados. Lucía manejaba semidormida hacia St. Margarets at Cliffe, donde planeábamos  almorzar en una pequeña cafetería frente al jardín de las coníferas. Su ex esposo, el excéntrico Angus, contaba cómo, cuando hacía pocos días se había metido al mar de Deal de madrugada, en la playa totalmente desierta, vio de repente el amanecer espectral a la distancia. Por la ventanilla, los estorninos emprendían en un cielo brillante su viaje migratorio. Y se apoderó de nosotros una felicidad casi perfecta.