Letras, peripecias

cuentos, poesias, relatos, ideas

Month: August, 2012

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Diálogo en prosa

El Titiritero: -Hay que despertar a la soñada, hay que reanimarla.

El verderón: -La palabra se enciende. Al imitarla…

El hombre sin rostro: -Duele caminar sin rumbo, de costado. Como crepúsculo.

El verderón: -Y el pez en el agua, la muerte se lo lleva.

El Titiritero: -Hay que despertar a la soñada, hay que soñarla.

El hombre sin rostro: -La soñada, la marea…hay que despertarla.

El Titiritero: -Los hilos que cortamos, muñecos de madera.

El hombre sin rostro: -Que empiece la función.

El verderón (despliega las alas verdes, en migración. Se escucha el canto)

El hombre sin rostro y el Titiritero (hacen silencio).

Y la función que ha empezado

XVI, de Torre de Londres (2007)

Bloombsury
y en octubre
las plazas cerradas
el taxi
negro
que atraviesa Malet Street
y está sucio
en las copas
de los árboles
Fueron como libros
de historias olvidadas
Woolf y Eliot
en la placa del English Heritage
detrás
la iglesia victoriana
esperar el entre-tiempo
entre ventanales eduardianos
Gordon Square
quedó dormida
¿Será por eso
entonces
el reloj
que marca
la hora
que no fue?

El jardín de las coníferas

El camino ondulante atravesaba los sombredíos dorados de Kent. El sol, que había salido entre nubes blanquísimas y muy bajas, iluminaba el molino antiguo sobre los acantilados frente al Canal de la Mancha, mientras los robles azules se movían al unísono, allá lejos, como descascarados. Lucía manejaba semidormida hacia St. Margarets at Cliffe, donde planeábamos  almorzar en una pequeña cafetería frente al jardín de las coníferas. Su ex esposo, el excéntrico Angus, contaba cómo, cuando hacía pocos días se había metido al mar de Deal de madrugada, en la playa totalmente desierta, vio de repente el amanecer espectral a la distancia. Por la ventanilla, los estorninos emprendían en un cielo brillante su viaje migratorio. Y se apoderó de nosotros una felicidad casi perfecta.

Noctámbulo

En la intemperie/donde las ramas

imaginan otros mundos

el cielo celeste/el sol

abrazador

Mayo, llegó

de repente

Y las olas que aprietan

la

enormidad

de una tarde vacía

 

 

 

 

Museo de la Infancia

La casa vacía. Desde las ventanas, el parque oblicuo y los plátanos verdísimos como telón. Los lomos de los libros desdoblados, las letras bañadas por el sol de la tarde, revestidos del otoño incipiente. El rayo de luz marcaba en la pared, como filigranas, las sombras de la lila sin flor, de la clematis montana y del cerezo. Las filas de autos por Old Ford Road, que hacían vibrar los vidrios de las ventanas, desaparecían hacia el este, detrás del Terrace. El Museo había cerrado sus puertas, pero dentro, los juguetes bailaban fuera de sus vitrinas, subidos como locos a los rieles de las balustradas victorianas. Una muñeca isabelina giraba, en trance, junto a un trompo de madera pintado con colores. Y las figuras de los mosaicos externos, que despertaban de su sueño, dibujaban con sus formas, el entramado oculto del mundo de la memoria. El verderón posado en el comedero, sin saberlo, se había convertido en el único testigo de semejante osadía. Volvíamos a Londres en el tren despacio con el verano en la piel dorada, aletargados de tanto silencio. Y los juguetes que seguían su fiesta maldita.

Hojas de Ortiga

En el estanque, libélula crispada.

La destrucción del horizonte

como el Centauro

del herbolario

bajo el diluvio normando

Hay que desarmar la tarde.-pidió la Acomodadora.

Vos te reías de la sinrazón

 

 

 

Coleóptero londinensis

Detrás de las enredaderas/clematis fragancia

estrellas y los carduelis/que se entremezclan

las flores pistilos/en macetas provisorias

sumergidas como arbustos/entre los bordes sin sol

Canto esperado/ y en la monotonía de los autos

el cielo se abre/ con las abejas

que desdibujan la tarde

Inverosímil/ esa quietud

hacia la noche/pero impregna

porque aún

no le ha tocado en suerte

Bloody Bonner

“This cannibal in three years space three hundred martyrs slew
They were his food, he loved so blood, he spared none he knew”.
Foxe’s Book of Martyrs.

The house stood on the spot where the decrepit Netteswell House now stands. On what is called The Terrace, cornering Old Ford Road and Victoria Park Square, lies somewhere in the vaulted cellar the body of Edmund Bonner, notorious as the cruellest bishop in the persecution of heretics under the most Catholic government of Mary I of England.
The building, with its gabled roof and a profusion of mature tress and bushes, is the oldest surviving house in Bethnal Green, in the East End of London. Nearby stood St Georges Chappell, where Bloody Bonner used to pray for the souls of his victims.
Edmund Abaddon Bonner was born in the holy year of 1500 and by the age of 19 had attained the priesthood. In 1525 he entered the service of Cardinal Wolsey as chaplain, and subsequently was employed by King Henry VIII as his ambassador in Rome during the entangled process of excommunication. Also ambassador to the court of Charles V, where he wrote a preface to Stephan de Gardinier’s De vera Obedientia, asserting the royal and denying the papal supremacy, Bonner was sent as a special envoy to the French Court of Francis I, where he caused consternation with his dictatorial manner.
Pleased with his loyal service, Henry VIII awarded Bonner with the Bishopric of London.
After the death of Henry in 1547, Bonner, quarrelsome by nature, fell out of favour with one of the most powerful and feared men in Tudor times, the Archbishop of Canterbury Thomas Cranmer, and spent some years imprisoned in Marshalsea gallows until the accession of Mary in 1553.
Days before he was sent to prison, Edmund Bonner leased his cottage on the site of Netteswell House to Sir Ralph Warren, a former Lord Mayor of London, and great grandfather of Oliver Cromwell.
Once released, Bonner took up again the position of Bishop of London, immediately setting about enthusiastically restoring the Old Catholic worship to the people of England under Mary’s instruction.
During the reign of ‘Bloody Mary’, an average of two hundred and seventy people were burnt at the stake per year of her reign for heresy against the Catholic Church. Some say that of these, Bonner was personally responsible for igniting the flames of at least three hundred of them.
According to Foxe’s Book of Martyrs, Bishop Bonner was the most unpopular man in London. Here is his Ode:
“This cannibal in three years space three hundred martyrs slew/
They were his food, he loved so blood, he spared none he knew”.
At the British Library, Box MR-012.73, I found a letter from Queen Mary and her husband King Philip of Spain to Bonner, encouraging the Bishop to even greater zeal in his quest to rid the country of heretics. The Queen ensured that she killed legally by pushing her government to re-introduce the heresy Act of 1401, giving her the power to order anyone condemned as a heretic to the fire.
As it was told to me one afternoon in the gardens of Netteswell House, heretics were burnt in public, normally on market days when the horrific scene would be witnessed by the largest number of people. The condemned included woman and even children. If they were unable to walk to the stake, having already endured torture, they were carried or dragged to it. It could sometimes take as long as an hour and a half for a person to die in the blaze.
In the holy year of 1558 Queen Elizabeth I, half sister of Mary, ascended the throne of England. When Bishop Bonner was presented to her at Richmond Palace, she did not allow him to kiss her hand. He defied the Queen and continue to celebrate mass, but was eventually deprived of his office and later sent to prison where he died mad in 1569.
He was buried in St George’s, Southwark, secretly at midnight to avoid the angry mob.
According to Catholic sources, the coffin was soon quietly removed to the site of Netteswell House, where it was buried under the north side of the vaulted cellar, with the inscription in Latin by St Augustin: “Cum dilectione hominum et odio vitiorum” (Love the sinner and hate the sin).
On the night of 5 September 2009, exactly 440 years after Bloody Bonner’s death, and while I was wondering about in the gardens of the house next door where the Old Chappell used to be, I heard with clarity the sound of horses riding through the gravel entrance.
Then, half in horror, half in disbelief, I saw with my own eyes the black coach and the infamous Bishop, laughing quietly inside.
As I now try to recollect what happened that night it seems that the spectral image disappeared where the red brick wall divides The Terrace with Netteswell House. All that remains is a vigorous ivy that marks the spot of this cruellest apparition.

De Vedette (2001)

Sueña  Sabe que sueña porque lo que le está ocurriendo no puede ser cierto Porque los colores que ve  no son reales y la historia en la que se encuentra  la ha inventado otro o él mismo mientras duerme Sueña que está en una casa que recuerda parcialmente y que la va armando a medida que la camina Una casa revestida de blanco con paredes altas y ventanas que dan a una calle vacía también blanca Blanquísima Paredes revestidas de blanco y algunos cuadros que reconoce a la perfección Un cristo de Murillo La Lechera de Goya  y una princesa de Sofonisba Anguisola Sabe que está soñando por que el blanco nunca fue tan blanco y por que los colores de los cuadros parecen vivos y lustrosos como si hubieran sido recién pintados con óleo En el sueño o la historia en la que se encuentra- que él piensa podrían ser lo mismo- es un hombre sin cuerpo porque no se puede tocar las manos ni ver con claridad lo que tiene puesto Ni siquiera puede mirarse la punta de los zapatos y ver si se ha olvidado de atarse los cordones Un hombre Invicible- piensa Como la novela de Wells Sólo que él no escapa de nadie ni intentará entrar a una tienda comercial de Oxford Street en Londres para merodear las estanterías sin que nadie lo reconozca  En la casa blanca con cuadros no hay música ni ruidos y el silencio le da miedo porque la recuerda llena de ruidos y perfumes de verano y de sol La casa blanca parece también recordar que en el pasado había sido poblada de ruidos y colores y recuerdos que él quiere tratar de  construir pero el sueño no se lo permite y no le deja ver más allá de ese blanco limipio y puro Sigue caminando lentamente para encontrarla a ella que tiene que estar sentada como siempre en un sillón cerca de la mesa del comedor preparando una comida o pensando en un futuro que nunca llegará Sueña  y sabe que está soñando porque ella ha muerto hace muchos años pero debe aparecer en esa casa blanca ahora llena nada más que de cuadros vivos y él que va caminándola hacia alguna parte que recuerda  Una casa que tiene rincones que conoce de memoria y que podría describir con lujo de detalles sino fuera porque nadie quiere saber esas nimiedades y en esa historia de sólo un habitante no hay a quien contarle lo que está ocurriendo Entonces y repentinamente la casa desaparece y él se detiene porque la historia no es la que había imaginado Porque de vez en cuando quiere soñar una historia que tiene en su mente y que conoce muy bien pero en su sueño las cosas le hacen trampa y son muy distintas y piensa que de eso se tratan los sueños De ficciones ilógicas que escapan a sus pedidos La historia le pertenece a otro y él es sólo un elemento más de un eslabón en una larga cadena de imágenes y recuerdos Podría detallar con sumo cuidado rincones y espacios minúsculos de aquella casa porque los conoce de memoria y porque durante años se dedicó a recorrerlos con minuciosidad de investigador secreto Pero las cosas son más complicadas de lo que parecen en ese sueño y ahora por ejemplo está en un campo abierto que puede pertenecer a cualquier país de cualquier región Su sueño no tiene espedificidades por eso el campo en el que se halla no tiene color Un campo por otro lado hay mucho sol y de vez en cuando autos que pasan a lo lejos olvidados de que él está allí de manera irreal y probablemente no pueda escapar a la ignominia de ser nadie en una historia que sólo él puede armar Pero debe recordar que sigue siendo un hombre invicible Aire por todos los costados y sus manos que siguen estando olvidadas Materia inacabada que a esta altura ya no le preocupa Habrá que buscar a la mujer  Hubiera preferido quedarse dentro de la casa y acercarse a ella y decirle que no importa que haya muerto hace muchos años que él la sigue recordando igual y que en la memoria esa muerte es una ficción y decirle por ejemplo que a pesar del dolor causado nadie es culpable de ir diluyéndonos en esta especie de historia inacabada Decirle por ejemplo que la casa sigue estando allí como siempre con esos cuadros que le regalaron cuidadosamente y allí le puede prometer probablemente un abrazo largo y donde masticar las palabras no dichas y guardarlas en cajones llenos de hormigas para que el tiempo no se olvide de la muerte Y hacerse preguntas y perdonarse porque para eso él es invicible Para que nadie lo vea ni siquiera los autos que pasan a lo lejos más allá del campo Hacia ninguna parte o a otros sueños pensados por otros que no habrán notado su presencia ni el color de su piel transparente Le gustaría acercarse a ella y decirle por ejemplo que el tiempo y no las cosas modifican la memoria Que la vida es una melancólica imprudencia y todo es inútil sin esa porción que ahora está ausente Pero no Ahora está en un campo abierto y no hay ruidos salvo esos autos que pasan con motores rugientes Es un sueño antiguo y él quiere correr para saber cuán grande es el campo cuan lejos llegarán sus palabras y dónde se encuentra la casa de paredes blancas Por eso se lanza al vacío enloquecido hasta que no le dan más las fuerzas de sus piernas y sus pulmones Hasta que no le queda más aire dentro En el sueño o la historia que alguien le está contanto se encuentra frente a un árbol de hojas verdes y mucho sol Y debajo del árbol está la niña Una niña de rosa que habla otra lengua que él desconoce y ella lo llama y le pide algo Le pide cosas que él no entiende y le dice que se calme que la va a ayudar y la sacará de ese campo desconocido plagado de sol que debe ser la razón por que la niña berrea  Ella habla otro idioma Es una extranjera vestida de rosa y sabe que está en un sueño porque sino la hubiera entendido y los dos hubieran salido de ese campo donde no hay nadie y se hubieran refugiado en la casa donde está la muerta que los espera para contarles historias de otros mundos y servirles el té Pero la extranjera de rosa se queda esperando a que él diga alguna palabra en cualquier idioma Uno que ella pueda entender Una respuesta que la ayude y él tiene que retroceder porque no tiene respuestas en su mente y debe seguir corriendo porque no sabe que decirle Regresa a la casa antes de que el sueño se acabe o la historia finalice inacabada y el cielo se vuelva negro como la noche- algo que él prefiere no ocurra- Ya hemos dicho que es invicible- o por lo menos eso es lo que piensa- y que sueña o lo sueñan Y hemos hablado de la extranjera toda vestida de rosa que lloraba debajo del árbol y hablaba un idioma incomprensible Después de correr por varias horas ha dado con la casa y con esa puerta de madera que tiene un color preciso que él conoce mucho porque la ha tocado con sus manos tantas veces antes de entrar En el sueño puede decir de que color es cada cosa aunque una vez dentro de la casa el blanco se impone lúgubre La muerta abre la puerta que es marrón y está gastada por los sueños o por la cantidad de veces que han contado la misma historia Los dos pasan a un living de mosaicos recién decorado con sillones de pana verde como el campo donde momentos atrás se encontraba la niña extranjera y una chimenea que sube hasta el cielorraso En ese living de mentira hay un piano que nadie ha usado y que permanece callado y ella ofrece té porque es lo que se estila para cuando llegan visitas y también ofrece tocarle el piano olvdidado en un rincón porque también estila tocar música a los invitados pero él se olvida de decirle que no es una visita que ha vivido allí muchos años junto a ella y la conoce mejor que a nadie Pero la muerta no recuerda y sigue preguntando por el té y por las partituras de Mozart que penden perdidas sobre las teclas blancas y negras Vuelve con una tetera verde para servirle ese té hirviendo que los une de una manera inexplicable aunque hubiera preferido no jugar a las visitas y esperar a que ella le contara porqué el sueño y porqué las paredes vacías salvo por las pinturas A un costado de esa mesa de vidrio del living está sentada la muerta y está él que es invicible y también está la extranjera que ha llegado de improvisto sin que nadie le abriera la puerta y entiende las cosas desde esa lengua extraña que posee Él quiere decir frases que nunca dijo y explicar que pase lo que pase esa tarde seguirán soñando y en el sueño no habrá lógica alguna y seguirán los tres allí sentados tomando ese té de la tetera verde hablando lenguas que nadie comprende Y la muerta se levanta de repente sin que nadie le haya dicho nada y nos regala una pieza en el piano para alegrar ese silencio que duele y la niña extranjera parece olvidarse que ha venido desde muy lejos para escucharla Las teclas suenan ávidas como de memoria Con la música la tetera respira un humo quieto que de alguna forma los separa y la extranjera abre los ojos para escuchar a la muerta que dice desde el otro lado de la habitación frente al piano ‘hay que vestir a Niní Brown’